La historia de Edwin Quea, un catador de cafés que logró su primera exportación a Corea del Sur

Por José Calderón Torres

El catador de café -Q Grader-  Edwin Quea, ha sabido capitalizar los días de la pandemia para cumplir un sueño iniciado hace 4 años: producir cafés especiales en su propia finca, procesarlos y finalmente  exportarlos en micro lotes al difícil mercado de Corea del Sur.

Así acaba de informarlo a su llegada de Bolivia donde fue solicitado para comandar la selección de jueces de cata del Concurso Nacional “Presidente de la República” en su feria nacional del café. 

Los lotes, equivalentes a siete quintales de cafés “oro”, empacados al vacío y de 92 puntos, están en camino a oriente, ha confirmado Quea, quien, desde Quellouno (La Convención, Cusco),  nos brinda detalles de su hazaña.

“Estoy feliz de que el valle de Chirumbia ya sea reconocido en Corea del Sur, un país con 52 millones de habitantes y que ha saltado de consumo de cafés instantáneos al consumo de café de calidad” ha dicho Quea. “Si su mercado interno de consumo de café son 4,000 millones de dólares, que es lo que facturan sus cafeterías, es un honor tener  este grano entre los más costosos de este país”, dijo.

El caso de Quea, que es catador, productor y ahora exportador de micro lotes es sui géneris. Empezó hace algunos años en Puno, donde el furor cafetero por el sorpresivo triunfo mundial del café de Nelson Sucaticuna le ayudó a abrir los ojos al café.

Quea observó que a las fincas de su tierra comenzaban a llegar catadores de fama internacional.  Aprovechó esa oportunidad para tomar contactos que terminaron en toda una especialización en cata de café Q grader arábica en el Institute Quality Coffee CQI,  en la UNA-PUNO

No fue fácil. Se sometió a muchas pruebas frente a catadores internacionales muy exigentes. Después de mucho esfuerzo, Quea, pasó todas las vallas y logró el grado de ser juez catador de cafés en el alto grado de Q Grader.

Como juez autorizado, Quea asumió el control de calidad del laboratorio en la Cooperativa San Juan del Oro Ltda de Puno.

La buena fama de los cafés de Puno fue de la mano con una inquietud que empezaba a darse en los caficultores. ¿Y si mi grano es más valioso de lo que se cree? pensaban.

En Cusco el canon de Camisea contribuyó con esto, pues el dinero era invertido en importantes proyectos de estímulo para profesionalizar la producción de café, donde llegaron las capacitaciones. 

No todas esas capacitaciones dieron resultado, y no fue cosa de técnicos. El abandono del campo era atroz, pero los quienes se quedaron en los campos fue porque deseaban realmente vivir del café y una de las soluciones para esto era produciendo granos finos.

De esta forma Quea fue contratado en Cusco para trabajos en los flamantes laboratorios municipales de café, los cuales antes tenían muy pocos exportadores del aromático grano.

Su presencia en Cusco fue difícil.  Quea era foráneo, tenía mentalidad ganadora, y eso ponía nerviosas a algunas empresas cooperativas que veían en él a un competidor.

El hecho de que los cafés se dividan entre convencionales y especiales abría los ojos a los productores quienes veían que se podía cobrar  más por granos de calidad.

Las catas de Quea y de colegas como Martín Martinez fueron revolucionarias, pues lograron llevar a los granos de Cusco a la cima, a los primeros puestos en concursos nacionales devolviendo a esta zona al mapa de productores importantes.

Luego vinieron triunfos de granos de Cusco a nivel internacional, tanto de Quellouno como Incahuasi y Santa Teresa.

Posteriormente se sumaron más contratos, llegando a departir catas en mesas muy exigentes en Seattle, Estados Unidos, considerada, la meca mundial del café, con catadores de primer nivel  procedentes de Japón, Estados Unidos o Etiopía.

Para ese entonces,  Quea comenzó a formar la terna oficial de catadores peruanos, y en la reciente Taza de Excelencia, franquicia norteamericana que  selecciona  los más valiosos granos del mundo, lo llamaron al grupo de catadores nacionales que se encargaría de analizar  los mejores granos peruanos.

Los granos catados por Quea pasaron a una subasta mundial, para lo cual debieron venir a Perú los mejores catadores del planeta, seleccionados por el costarricense Rony Gámez.

Quea, observador de los grandes, tuvo en Gámez, un modelo a seguir, y como él, que tiene su propia finca en Costa Rica y exporta cafés especiales, decidió emprender su propia ruta exportadora.

A su llegada a Perú, Gámez se hizo amigo de Quea  y éste lo convenció de visitar su finca asegurándole que estaba “un poco más allá de Machupicchu”.

Gámez, juez de jueces mundiales, visitó Machupicchu teniendo en Quea un Cicerone y luego de conocer las majestuosas ruinas decidió aceptar la invitación y enrumbar en camioneta durante varias horas con destino a la finca Chiriloma, en el valle de Chirumbia, Quellouno, propiedad  de Quea.

Encajonado en montañas verdes, de celajes de pintura, Quellouno, palabra quechua, significa en castellano Río Amarillo (algo así como el Yangt Tse de China) una de las más bellas regiones del país, colindante con Yanatile.

Desde un principio, Quea se dio cuenta que la vida del catador es hermosa pero también a veces ingrata. El arte de catar se sustenta en mantener las cualidades sensitivas con una vida sana.

Quea aprovechó el roce internacional para invitar a conocer su café a otros compradores mundiales que empezaban a llegar a Perú. 

Mostró  la evolución de variedades como Mundo Novo o geisha en su finca,  el tratamiento de los cerezos, la cosecha selectiva, los tiempos de fermento diferenciados y toda una ciencia desarrollada sobre estos a fin de obtener el mejor grano.

Invirtió en un laboratorio privado de cata, máquinas de tostado a pequeña escala, su propia producción de convencionales, además de una máquina profesional para hacer cafés en taza.

Cuando llegaron los compradores coreanos, por cierto también catadores internacionales, quedaron impresionados de ver el trabajo casi orfebre de Quea, y esto porque solamente tiene una hectárea y media consagrada a la excelencia en la producción de granos modelo.

Los coreanos quedaron muy satisfechos con la responsabilidad de Quea en todo el proceso y eligieron una variedad en particular, la geisha, y así se ultimaron los detalles para la  exportación.

Al contrato, Quea trabajó mucho en la perfecta selección de granos libres de defectos como en ver cómo se estrenaba en toda la maraña logística.

Al final ha llegado a pensar en un cambio de vida en caso que los pedidos aumenten, como que ya está pasando , en este caso de España, porque en función a esto necesitará encontrar un modo de crecer sin sacrificar la calidad.

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