Cacao del Megantoni:  nuevo y potente jugador en el mercado

Plantones de Cacao

Por José Calderón Torres

Cuando llegaron al Megantoni las empresas operadora del gas de Camisea, los nativos más jóvenes de la  zona se entusiasmaron. Venían trabajos bien pagados y casi todos los productores de la zona abandonaron los primeros cultivos profesionales de cacao.

Era comprensible esto, pero apresurado, no consideraron que el gas no iba a durar por siempre. La municipalidad del nuevo distrito del Megantoni decidió entonces  retomar el camino y ahora, entre los claros del bosques de Timpía, una maquinaria productiva de cacao avanza con vigor.

Solo en Timpía hay 400 hectáreas de cacao donde se alistan a producir bayas de variedades entre buenas y muy finas pero, eso sí, todas nuevas para entrar de lleno al mercado mundial.

La comunidad científica no discrepa sobre el hecho de que el cacao pudo haber nacido en estas selvas, lo cual se explicaría por la abundancia de variedades. Pero cuando sucede esto es como empezar de cero pues implica el tremendo trabajo de clasificar, clonar y domesticar cuál variedad tiene mejor funcionamiento en rendimiento y calidad; la ventaja es que los cacaos crecen aquí en su mejor ambiente.

Variedades únicas

Instalar estas variedades en uno de los lugares de trabajo más complicados del país, carente de carreteras, con lluvias como de diluvio y con la agresividad muy marcada de la selva baja, obliga a preguntarse ¿cuán rentable será? Obviamente más de lo que se piensa, pues al ser variedades únicas, abundantes y en la línea del cacao étnico, su mercado es el de la calidad.

El ingeniero Eulogio Díaz Ramos,  residente y jefe del proyecto Mejoramiento y desarrollo de las capacidades técnico productivo de los productores de cacao de las comunidades nativas de Timpia, Kitaparay, Kuway, Túpac Amaru, Saringabeni, Chocoriari y Sababantiari de la zona sur del Bajo Urubamba distrito de Megantoni-La Convención – Cusco, nos recibe ya de noche en el campamento. El chirrido de los miles de animales es síntoma de estar en lo más hondo de la selva.  Allí su cuerpo técnico hace el balance de la jornada.

“Como se verá el proyecto abarca siete comunidades entre nativas y asentamientos de colonos”, explica. El proyecto es muy joven, nació el año 2017, pero exige una mirada especial, dice.

“Encontramos plantones en vivero e inmediatamente empezamos a trasladarlos a campo definitivo. A estas alturas más del 90 por ciento está instalado”, señala.

La meta

La meta son las 400 hectáreas de parcelas comerciales que son de los beneficiarios, más 7 hectáreas de jardín clonal, el cual llevará ecotipos diversos de cacao que servirán de material genético para estudios, y adicionalmente dos hectáreas de parcelas demostrativas para cada comunidad.

Las parcelas demostrativas suman 14 Has. y 400 Has. son parcelas comerciales que van a ser instaladas por los beneficiarios que la municipalidad especializa en manejo del cultivo y fertilización.

Desde luego el sabor excepcional del cacao del Bajo Urubamba no es todo, sino su crecimiento extraordinario, al parecer asociado a los suelos que según los análisis son estupendos.

Pero pensar en el cacao comercial obliga a mejorar algunas deficiencias. “Tenemos suelos con bastante concentración de aluminio que se tiene que bajar incorporando fertilizante orgánico como la roca fosfórica que tiene bastante calcio, opina el técnico.

“Es verdad que los primeros años no darán problemas pero con los años, con esta carencia, se pueden marchitar y por eso informamos lo que debemos de prevenir”, agrega.

Logística

Uno de los factores a mejorar es la logística ya que el transporte fluvial aún es muy costoso por el consumo de combustible de las embarcaciones  – en ruta hacia Shepagua, Ucayali- por lo cual la idea es que vengan empresas y sean estas las que se encarguen del acopio sin caer en los bajos precios que ofrecen los intermediarios. Justamente por este factor se apelará al precio diferenciado en base a calidad.

Shirley Figuera Ríos, ingeniera extensionista del proyecto, considera muy importante el marketing que se aplique a este tipo de cacao de la línea étnica, pertenezcan a los machiguengas, yines, o asháninkas –nativos de la zona- ya que consumiéndolo se aporta para el sostenimiento de una las últimas culturas originales del Perú.

El Ing. Alvaro Ccopa, inspector del proyecto opina que el tema de calidad interesa a todos los mercados recientes que tienden a lo orgánico, muy a tono con la práctica agrícola del Megantoni, puesto que tiene tierras muy ricas que serán cuidadosamente conservadas sin excesos de tóxicos.

En cuanto a los portainjerto se han asegurado con un patrón resistente, el cacao brasilero amarillo, tolerante a enfermedades como la “escoba de bruja”.

No obstante las semillas que se usan son amazónicas y premium: una selección de cacao chuncho, por cierto muy escaso, y los intermedios del VRAEM 99 y 15, colecciones originarias del VRAEM.

Hay que señalar que el cacao chuncho solo existe en Cusco, específicamente en el Bajo Urubamba.

Sobre los cacaos  VRAEM 99 y VRAEM15, su clasificación es obra del Ingeniero Méndez Paredes que ha hecho largos estudios en el VRAEM antes de llegar a estas variedades que han reemplazado a los CCN 51 entre otros. La razón: la productividad y mucho mejor calidad en taza.

En el VRAEM , donde comenzó a difundirse la producción del CCN ya no lo quieren y este es reemplazado por el VRAEM 99 Y VRAEM 15 por otras razones: Es rendidor y tolerante a las enfermedades.

Las posibilidades de rendimiento por Ha son  2.5 TM sin abusar de productos.

El cacao ya era conocido, quien sabe desde cuándo, sobre todo en la comunidad nativa de  Chocoriari, pero la demanda de mano de obra de las operadoras de gas condujeron al abandono de las tierras.

Quizás los jóvenes fueron los más entusiastas con el trabajo del gas, pero para nativos más maduros – machiguenga- el cultivo de cacao parece ser síntoma de sabiduría y previsión, además de un saber nuevo que calza como buena herencia para cuando ya no haya el dinero del gas.

Es por eso que la mayoría de beneficiarios supera los 50 años, sobre todo porque sus padres ya conocían el cacao.

Un proyecto como este es mucho más que lo que dicen las cifras pues el replanteo de parcelas a instalar ha sido tan arduo como el roce, tumbado y trozado (picacheo) de decenas de hectáreas, así como el trazo y alineamiento, la apertura de hoyos -30cm x 30cm- el trasplante y fertilización de fondo de plantones de cacao, la instalación de sombra temporal, la asistencia técnica personalizada y demostrativa,  escuelas de campos, transporte de materiales componentes, fuera de la generación de puesto de trabajo temporales, cosas que suceden en el Perú más hondo, donde el español a ratos es un idioma raro en la babilonia de lenguas nativas tan vivas y originarias como son los cacaos del Megantoni.

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